Apágala que gasta luz.

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 Las viejas costumbres no son aconsejables en este asunto; y es que, aún en la era de la comunicación, muchos seguimos cayendo en el mismo cliché económico: “apaga la luz que gasta mucho”.

Y la verdad es que, en el caso de las clásicas bombillas incandescentes o halógenas, sigue funcionando, pero no en el caso de las bombillas de bajo consumo.

Hay una ley eléctrica, llamada “Ley De Ohm”, que especifica que la potencia consumida por un aparato eléctrico, se obtiene multiplicando el voltaje por la intensidad de corriente necesarios para que dicho aparato funcione. (P=U.I).

La gran mayoría de las bombillas de bajo consumo, vienen dotadas de una pequeña reactancia, que multiplica el voltaje inicial para conseguir que el gas interior entre en acción, se encienda y la bombilla luzca. El fenómeno sólo dura un tiempo muy limitado (menos de un segundo), pero durante ese tiempo, la tensión alcanza alrededor de los mil voltios. De más está decir, que a igualdad de intensidad, el consumo se dispara considerablemente.

Según los cálculos, la bombilla consume, durante el encendido, la misma energía que durante los siguientes veinte minutos funcionando. Por lo tanto, si vamos a volver a entrar en un recinto antes de los siguientes veinte minutos, la luz DEBE DEJARSE ENCENDIDA.

Si estamos, por ejemplo, entrando y saliendo de la cocina, y encendemos y apagamos la luz cada vez, la bombilla de bajo consumo no sólo no será rentable, sino que consumirá bastante más que las bombillas de incandescencia de toda la vida.

Espero que este consejo os sea útil.

 

(c) 2013 Ricardo Capdepón,

http://www.reformascapdepon.esLámpara de bajo consumo

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Lo cambio y listo

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Uno de los errores más nefastos que se pueden cometer en una instalación eléctrica.
A lo largo de mi vida profesional, he visto cocinas incineradas, enchufes derretidos, acometidas sin aislante y chisporroteando, y toda una serie de siniestros provocados por la misma fatídica acción.
¿Qué es el efecto Joule?
Una determinada línea de la instalación está preparada para soportar un consumo, por ejemplo, de diez amperios, pero se sobrecarga con aparatos que demandan una mayor intensidad de energía.
El efecto resultante es que la línea se sobrecalienta hasta que el automático térmico “salta” y corta el suministro energético en esa línea.
Esto provoca el consiguiente enfado del propietario de dicho aparato, que, ni corto ni perezoso, abre el cuadro eléctrico, y sustituye el automático magneto-térmico por otro de mayor potencia, sin sustituiir los cables de la línea por otros adaptados a la nueva demanda de energía. La línea, por lo tanro, se calentará, ofreciendo mayor resistencia al paso de la corriente eléctrica, lo que a su vez, calentará aún más la línea; lo que se conoce como “efecto Joule”.
Por lo general, se desconectará el aparato en cuestión antes de que el cable se encienda, pero el aislante queda dañado. Lo más normal, es que después de repetir este ciclo un número de veces, el cable arda en llamas y provoque un incendio de consecuencias imprevisibles.
Aunque actualmente se instalan cables ignífugos, no ocurre así en el noventa y nueve por ciento de las instalaciones existentes.
De ahí la importancia de NO ABRIR EL CUADRO BAJO NINGÚN CONCEPTO, si no se es un profesional de la electricidad.
(c) 20013 Ricardo Capdepón
http://www.reformascapdepon.es

Yo se lo hago por…

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Es la frase más esperada y utilizada en el mundo de las reformas, por individuos que, sin ningún escrúpulo, abaratan los precios sobre la base del fraude.
No dan de alta a sus empleados, no se dan de alta ellos, no cumplen la normativa de seguridad, no facturan y, después de haber cobrado, si te he visto no me acuerdo.
Aunque para alguien que quiera hacer una reforma pequeña en su domicilio pudiera parecer tentador, la realidad es que quien contrata a este tipo de “trabajadores”, se arriesga, y mucho, a que lo barato le salga bastante caro: en algunos casos, porque al final se ven obligados a contratar personal cualificado que termine  el trabajo, y en otros, por que una inspección repentina les baja de la nube, talonario en mano, y de pronto se ven con una sanción que puede llegar a los treinta mil euros.
Por lo tanto, desde este blog, queremos recordar a todos aquellos que vayan a contratar una reforma, algunos de los requisitos que los trabajadores deben cumplir en cualquier obra de construcción, y que, por su bien, deberían exigir.
Antes de poner un pié en la obra, quien quiera trabajar en nuestra casa debería presentar la siguiente documentación:
-Filiación a la seguridad social propia y de los empleados que vayan a realizar los trabajos.
– Diplomas de cursos de seguridad, de todos los empleados,, adecuados a cada oficio. Veinte horas para los trabajadores, sesenta para el responsable de seguridad de la obra (de obligada comparecencia).
– Certificado del corriente de pago, tanto de la seguridad social como del ministerio de hacienda.
– Certificado del corriente de pago de los trabajadores.
– Certificado que acredite que todos los trabajadores han sido provistos de los equipos de protección individual exigibles para cada oficio (botas, guantes, gafas, casco, arneses, etcétera).
– Si el empresario tiene trabajadores asalariados que van a trabajar en la obra, documento acreditativo en el que se especifique que dichos trabajadores han realizado un control médico, y que son aptos para trabajar (vence anualmente).
Es importante tener una copia de todos estos documentos, ya que cualquier inspector puede solicitarlos en cualquier momento, y la no presentación de los mismos, podría resultar incluso en el cierre de nuestra obra, además de cuantiosas sanciones.
Y aún hay algo más en que pensar:
¿De verdad puede una misma persona ser oficial en albañilería, fontanería, electricidad, calefacción, aire acondicionado, pintura, etc, y conocer al pié de la letra toda la normativa concerniente a cada oficio?
¿Arriesgaría usted el dinero que tanto trabajo le ha costado ahorrar, por abaratar el presupuesto en unos cuantos euros?
No lo dude, contrate personal cualificado, y solo trabaje con empresas o autónomos debidamente legalizados.
Se ahorrará muchos disgustos.
(c) 2013. Ricardo Capdepón

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¿Para qué, si funciona?

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A lo largo de mis muchos años de experiencia, siempre me ha resultado curioso lo que ocurre cuando tomamos la decisión de reformar nuestro inmueble, y nos ponemos a echar cuentas.

Calculamos los gastos, elaboramos un presupuesto y disponemos las cantidades para cada apartado: fontanería, calefacción, puertas, ventanas, pintura, alicatados, solados, etc. Sin embargo, cuando toca pensar en la electricidad, siempre surge la misma cuestión: ¿Para qué?… si total funciona bien. Craso error.

Lo cierto es que la electricidad es una parte fundamental de la vivienda, y la más susceptible de provocar accidentes y sisestros que pudieran acabar en daños personales.

Las instalaciones con más de quince años, sencillamente no están preparadas para soportar la demanda actual de energía de una vivienda familiar tipo. Por otra parte, la normativa sobre baja tensión, ha cambiado radicalmente en los últimos años en lo referente a medidas de seguridad y racionalización del consumo.

Los cables que se instalaban hace quince años, por poner un ejemplo, eran cables rígidos con un aislamiento plástico sencillo, lo que incrementaba considerablemente el riesgo de combustión por calentamiento.

Actualmente, se instalan cables flexibles, con aislamiento no inflamable libre de halógenos, que no arde y no propaga gases nocivos para la salud.

Los tubos de canalización, los dispositivos de corte automático, cajas, mecanicmos, todo ha mejorado sensiblemente, por no hablar de las modernas prestaciones de automatización y distribución de la energía.

Sería una pena que nos gastáramos una suculenta porción de nuestros ahorros en reformar nuestra vivienda, que pusiéramos todo a la última, y que la instalación eléctrica se nos quedara obsoleta.

Es para pensárselo.

Ricardo Capdepón.

http://www.reformascapdepon.es

©2013: Ricardo Capdepón